Late en el sordo camino del viento
la amarga sombra de la melancolía,
el surtidor cansado del florido día
fluyendo con la fría luz del lamento
La huella repetida del desaliento
despunta eterna en oscura melodía,
quema en silencio con ardiente ironía
el punzante eco del viejo tormento
Rompe en la noche recuerdo helado
colmando ya sin voz ni dulce olvido
el roto caliz del corazón callado
Gime en la estatua del dolor dormido
brillando entre arena y cristal mojado
el gastado laurel del amor perdido