Soneto 10

Vive en la triste brisa de mi orilla
la amarga espina de la madrugada
cuando otro amor con mano envenenada
clava su dulce rosa en tu mejilla.

Pues la eterna manzana amarilla
de tu secreta mañana encantada
marca aun en mi dolor de flor cortada
el temblor de tu valiente semilla.

Y aunque en la oscura lengua del llanto
mi vendaval de sangre enloquecida
colme, sin ti, laguna en desencanto.

No quiero que en sombra estremecida
por la aguda lágrima sin manto
sufra tu pasión, en silencio, ardida.